Encomendemos a todos los niños migrantes y a sus familias a María y a San José, que conocieron el exilio con el Niño Jesús en brazos. Que ellos nos enseñen a acoger, que hagan de nuestros hogares un semillero de vocaciones, y que Cristo, nuestra luz, brille sobre nosotros en estos tiempos inciertos. Amén.
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